¿Eliges tú o tus hábitos?
La parte subconsciente de nuestro cerebro controla nuestro comportamiento alimentario en el 95% de las veces
Según estudios, la parte subconsciente de nuestro cerebro controla nuestro comportamiento en el 95% de las veces. Ello es debido a que la parte consciente de nuestro cerebro sólo puede procesar alrededor de 50 bits de información por segundo, lo que equivale a un corto tweet.
Debido a que conscientemente sólo podemos procesar una cantidad limitada de información a la vez, nuestras decisiones resultan cada vez más impulsivas y basadas en nuestros hábitos, especialmente si estamos distraídos o bajo estrés.
Cuando realizamos la misma acción varias veces ante un evento, dicha acción queda almacenada en la parte subconsciente de nuestro cerebro. El resultado de ello es que dicha acción se ejecutará de forma automática cuando estemos expuestos a la misma situación que la originó inicialmente.
Un hábito es una respuesta
(acción) conductual aprendida ante una determinado evento
desencadenante que nos recompensa de alguna forma. Por tanto el ciclo
de perpetuación de un hábito es:
Evento desencadenante → Acción
→ Recompensa
Los hábitos son como subrutinas
reflexivas que nuestros cerebros utilizan como mecanismos para
liberar nuestros recursos mentales y actuar ante determinados eventos
desencadenantes.
Todos nuestros hábitos tienen
consecuencias tanto positivas como negativas. Así comer
compulsivamente chocolate ante una situación de estrés tiene una
consecuencia inmediata “positiva” al liberar dopamina y bajar
nuestro estado de estrés, pero también tiene una consecuencia
negativa a largo plazo como puede ser el sobrepeso o la obesidad.
Por tanto, nuestros malos hábitos alimentarios nos inducen a tomar malas decisiones a la hora de alimentarnos, lo cual afecta negativamente a nuestra salud.
El conocimiento es poder, pero puede no ser lo suficientemente poderoso por sí solo como para romper un hábito. Es decir, para modificar un mal hábito no basta con saber que es malo para nuestra salud.
Para modificar un hábito hay
que identificarlo, ser conscientes de sus consecuencias, bloquear el
evento desencadenante, modificar la acción asociada al hábito, y
modificar las consecuencias del hábito.
No es posible modificar algo si antes no somos conscientes de su existencia. Por ello, el primer paso para modificar un hábito es ser conscientes de su existencia.
Como los hábitos los realizamos en modo automático, debemos ser conscientes de ellos y de sus consecuencias. Así por ejemplo, al comer compulsivamente un alimento rico en grasa, azúcar y/o sal podríamos apreciar que no es tan sabroso porque tiene demasiada grasa, azúcar o sal. Así mismo podríamos notar que cuando comemos convulsivamente luego nos da acidez de estómago, o estamos retargados o nos sentimos muy llenos. También podríamos darnos cuenta de las consecuencias para nuestra apariencia física y salud de comer convulsivamente.
Sin evento desencadenante no hay acción asociada a un hábito. Por ello, si eliminamos el evento desencadenante eliminamos el hábito. Por ejemplo, si el evento desencadenante de comer compulsivamente es el estrés, podemos eliminar el estrés a través de una actividad relajante como salir a pasear o hacer ejercicio.
Si no podemos alterar el evento desencadenante de un hábito si podemos:
modificar la acción asociada al hábito. Por ejemplo, si el comer convulsivamente es la acción ante el estrés podemos modificarla realizando ejercicio físico.
modificar las consecuencias de la acción asociado al hábito. Por ejemplo, si sólo tenemos comida de baja densidad calórica y saciante las consecuencias de comer convulsivamente no serán negativas para nuestra salud.
En cualquier caso, para que un cambio de hábito sea factible debe ser fácil de realizar y sostenible.
